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De la Mesa al Cielo: Una Noche en el Restaurante Tur Kitchen


Es viernes por la noche y Miami también puede ser Europa, sobre todo si vas a Coral Gables, llueve como una bendición y tienes una mesa reservada en el restaurante Tur Kitchen. Hagamos un recorrido por esta joya en el corazón de La Ciudad Hermosa.


Tur kitchen inspirado en la cocina mediterránea, abrió sus puertas en enero de este año, y a pesar de los cierres temporales a raíz de la pandemia de coronavirus, se ha adaptado con éxito a esta nueva rutina de mascarillas y distancia. Esa determinación está escrita desde el propio nombre del restaurante, pues Tur es una cabra salvaje de las montañas del Cáucaso, que suele relacionarse con la fuerza, la energía y la fertilidad.


Pero regresemos a la entrada del restaurante, a los arcos robustos, de aire mediterráneo moderno. Una joven agradable nos da la bienvenida a mí y a mi esposo. La música indica que es viernes, pero con mesura. La decoración es sobria, con colores suaves y tonos marrones claros. El lugar es espacioso, de puntal alto, con una cocina abierta, de modo que todos somos parte de la experiencia.


Podemos ver el ajetreo, el cuidado del detalle, y hasta el gesto del chef al acomodar un elemento en el plato. Esos toques finales que, bien cuidados, evocan las últimas pinceladas de un artista.


Tomamos asiento en la zona de la barra, en un costado que ofrece privacidad y marca distancia con el área de las mesas. El bar combina especias de la cocina mediterránea y las integra a la oferta de los cócteles. Un matrimonio perfecto.


Este viernes, los bartenders Chris y Joseph no solo ponen cócteles en la barra, sino alguna que otra historia, de esas que nos recuerdan viajes, fotos, fachadas. Por ejemplo, Chris puede saber tus gustos después de un par de preguntas, y sugiere ese tono ahumado, y también la trufa necesaria para completar esta idea que acabo de escribir. Para Joseph, evaluar las bebidas en el frente del bar puede convertirse en una conversación apasionada. El mejor mixólogo es aquel que conoce el misterio de los destilados, a fin de cuentas.


Probamos aquí un cocktail con el bourbon Elijah Craig, parte de una iniciativa local llamada Old Fashioned Week. Se trata de un Old fashioned infusionado con canela, con una decoración de trufa de chocolate. Nos aventuramos, también, con un Negroni perfectamente equilibrado entre nivel de frescor y proporción de agua.


Luego disfrutamos un adelanto en exclusiva del cocktail especial de la temporada, con zumo casero de calabaza, ron Facundo Eximo, Baileys, y un topping de nata aderezada con canela y especias. Sí, aún estamos sobrios y podemos probar la cerveza Inedit, la marca signature de Estrella Damm. Este es uno de los pocos sitios en Miami donde se encuentra esta exclusiva cerveza. Apunte eso por ahí.


Les presento al gerente Luca Delogu, un anfitrión que está atento a los clientes y en ocasiones se les acerca justo cuando han pensado en una pregunta y van a levantar la mano. Sí, lee la mente, de eso se trata la hospitalidad. Y además es fiel a la familiaridad y servicio cálido que describe a los restaurantes de comida mediterránea.


El dueño, Luis Villanueva, y su esposa Evelyn, llegan más tarde a saludar. Después de las presentaciones conversamos sobre whiskeys, lugares de España, historias y vinos, que viene a ser lo mismo, porque cuando el alma se pone a reposar en un tinto, todo es memorable. Aunque ha dedicado muchos años a la industria de los medios, Luis es un viajero apasionado por los sabores de distintas culturas, de ahí que su instinto le dictase este nuevo paso.


Como reveló, hay muchos retos, pero se asegura de “rodearse de personas talentosas y conocedoras del mundo de la cocina y los restaurantes, analizar las oportunidades y aplicar los principios administrativos y financieros que permiten un negocio sano”, Y en la base, “como en todo negocio, está la orientación hacia el cliente, que es fundamental”.


Y he aquí esta realidad, la de una barra sobria y marmórea donde sudan estilizados cocktails y descansa, a la esquina, un humidor con puros, para ese rato de conversación después de comer en el VIP lounge. Un placer que uno merece la pena regalarse.


Una vez a la mesa y listos para cenar, es fácil perderse en la enorme pared llena de nichos con plantas, libros y luces, un espacio relajante para observar mientras leemos la carta.


A pesar de la lluvia, el local ocupa casi todas sus mesas y se ven familias, amigos y solitarios que llegan a escapar de la rutina. Todos podemos viajar a la costa este del Mediterráneo. El Pide, un pan de estilo turco que sirven al inicio de la cena, es uno de los sellos de la casa y evoca los estilos culinarios de Grecia, Turquía o Marruecos.


Luego siguen ruedas de calamar con dátiles, chili, chorizo y cilantro. Pero si su paladar no está lo suficientemente estimulado, tiene al lado un cordero estofado con salsa verde, crema, queso de cabra, y aceite de curry. Todo acompañado con un vino blanco del norte de Italia, una muestra de la enorme cava del restaurante.


Como los intermedios en la ópera -y fíjese que he mencionado aquí ese sublime arte de emociones y sacudidas- un servicial Quentin trae una ensalada de la casa, es decir, un espectáculo de verdor y la antesala estética para la siguiente degustación.

Llegan después, en el clímax de la cena, las costillas de cordero y los camarones -debo acotar que todos los mariscos estaban frescos, otro punto a favor para el equipo del restaurante.


Para maridar, abren una botella de Tierra Calma, Las Cabreras Selección, un vino tinto madrileño afrutado y con toques herbales, en los que se aprecia la edad de las viñas de origen (aquí hay sesenta años de historia), y que nos sirven con elegancia. Este es uno de los tesoros de la casa. Literalmente. Hay dos botellas y una ya está abierta. Le aconsejo no aplazar la visita.


En el cierre de una cena que los anfitriones han preparado entre nuestros antojos y recomendaciones de la casa, se presentan dos propuestas de postre: Kunafa, con agua de rosa, nuez y pistacho, típico del mundo árabe; y Mille Feuille, crema de cereal, fresas, bayas en polvo tostadas y zumaque. Hay quien podría coronarlo todo con un café, pero ese Mille Feuille merece quedarse como el último sabor.


Después de todo eso, y tras reunir fuerza de voluntad para abandonar el restaurante, resulta fácil escribir de un tirón esta crónica. Buen apetito.


Tur Kitchen abre de lunes a sábado, desde el mediodía y hasta las 10 PM, en 259 Giralda Avenue Coral Gables, FL 33134. Puede ver el menú completo en www.turkitchen.com


@GrethelDelgado_


https://www.diariolasamericas.com/florida/de-la-mesa-al-cielo-una-noche-el-restaurante-tur-kitchen-n4209043


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